Economia y empresas nordicas

Ser padre en Suecia

Hoy os voy a contar mi historia de ser padre, padre en Suecia.

Todo empezó el pasado 3 de octubre en Lund. Seguramente es incorrecto decir que todo empezó entonces, ya que probablemente el big bang surgió ligeramente antes e incluso la fecundación del óvulo que trajo a Leo al mundo a principios de mes, también fue anterior. En cualquier caso, mi vida de padre arrancó con toda su dimensión a las 18.14 de un viernes, cuando después de un parto “average” de 13 horas, Anna dio a luz a un vikingo de 3,5 quilos. Estábamos en una habitación de unos 20 metros cuadrados, con nuestra propio baño y tuvimos a una matrona con nosotros gran parte del tiempo. Tuvimos suerte. Era Lund y además teníamos a una persona “en prácticas” que solo se ocupaba de nosotros, mientras la matrona sénior estaba atenta al resto de mujeres que el día 3 de octubre dieron a luz.

La sensación fue muy distinta a la esperada. Estábamos en un hospital pero todo parecía poco medicalizado. Era como estar en casa. Tranquilos, seguros y a la espera de conocer a nuestro hijo. Habíamos escuchado historias de todo tipo. Parece ser que en Suecia te envían a casa si la mujer no llega con una dilatación superior a los 3cm. Parece ser que en Suecia son muy reacios a poner la epidural y a la que te despistas ya es tarde y te aseguran que es mejor seguir sin ningún analgésico. Parece ser que en Suecia, si todo ha ido bien, te mandan para casa a las 6 horas. En Suecia, la sanidad no es tan potente como en España, aunque muchos no lo crean.

Estos eran nuestros temores, pero quizás porque todo depende de quién te atienda o del día que haya en el mismo hospital, todos estos pareceres no fueron una realidad en nuestro caso.

Algo que sí me sorprendió y que no tenía constancia que se hiciera así en el sur, fue el hecho de poner al bebé encima de la madre al segundo de salir y después de darle las friegas correspondientes para hacerlo entrar en calor y darle el golpecito mágico para conseguir la primera inspiración. Ahí estaba él, de color blanco por la grasa protectora de su piel, con la cabeza alargada como cualquier niño del mundo y escalando de forma animal hasta encontrar el pecho de su madre. Asegurado a través del cordón umbilical y conectando con la persona que le dio cobijo durante los últimos nueve meses. Ahí se quedaron ambos (¿dónde iban a ir?), mientras las últimas células madre del cordón se introducían en el cuerpo del pequeño Leo y de esta forma, mejoraban sus defensas y otras bondades que ofrece esta forma de hacer.

Fui yo el que corté el cordón umbilical. Lo digo erguido y con la cabeza alta. Después me dejaron ver el árbol de la vida y nos aseguramos que no quedara ninguna parte en el vientre de mi mujer. Todo había salido bien. Anna estaba exhausta y yo exultante. Después de estar piel con piel con su madre, era mi turno. Más de 1 hora sentado en la butaca, sin camiseta y con el pequeño agazapado entre mis brazos. Durante las siguientes horas nos trajeron el clásico fika para poder recuperar energías. Dos copas altas con sidra, dando efecto del mejor cava, bocadillos y una bandeja elegante para recordar el momento.

Tres horas más tarde ahí seguíamos. Solos Anna, Leo y yo. No están permitidas las visitas en los hospitales en Suecia. No quieren gente por un tema de higiene y de tranquilidad para los pacientes. Nadie nos esperaba fuera. Todo el mundo sabía que había que dejar unos días para celebrar la llegada del recién nacido.

A las 22.00 nos vinieron a buscar para llevarnos al hotel-hospital que tienen en Lund. Muchos hospitales no tienen lugar para quedarse a dormir y te mandan a otros sitios como el que estuvimos nosotros. Una habitación más pequeña y con un plegatín para mi, enfermeras de guardia para asegurar quetodo estaba bien. Ahí estuvimos dos noches. La madre lo tiene todo pagado, incluyendo habitación, desayuno, comida, fika, cena y fika de nuevo. Por mi parte, unos 40€ la noche y el pago de cada comida. Eso sí, el fika de regalo ;)

El domingo por la noche llegábamos a casa después de 48 horas, haber hecho los análisis oportunos y el chequeo correspondiente por parte de los médicos. A partir de ahora Anna y yo tendremos 480 días de baja maternal y paternal a compartir. Sí, 480 días… unos 18 meses para estar con tu hijo antes de llevarlo a la guardería, no antes del primer año. Pero eso os lo cuento en el próximo artículo!!

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